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La mujer de las cuatro lunas

 

La mujer que habitaba dentro del espejo, se volvió joven de repente. 

Y salió, como una intrépida amazonas, a comerse el mundo. A vivir intensamente.

Y así pasó siete días y siete noches. Llenando de oxígeno sus pulmones. Sonriendo como lo hacen las flores en primavera. Enérgica y jovial. Era como un resplandeciente amanecer. Retuvo el aire y se sintió llena hasta rebosar. Se sintió tan y tan llena que tuvo la necesidad de darse, de regalarse, de cuidar. Se sintió toda amor, preñada de luz. Con la suficiente fuerza como para parir sueños, convertirlos en certezas. Se sintió segura  y una luna llena velaba sus noches, todo era cierto, tangible.

De repente a la mujer del espejo le empezaron a salir canas. Se sentía, extraña, diferente a aquellos que le rodeaban, silenciosa, immersa en su mundo interior. Sentía ganas de llorar y de reír desde la panza. Sus pulmones se iban vaciando lentamente. Quería gritar y la voz al salir se volvía viento y se llevaba las hojas de los árboles. Era como una tormenta empapando la tierra. Entonces, la mujer de las cuatro lunas se vació por completo y sintió el frío hivernal congelándole el alma. Limpió su casa para tenerla apunto.

Soñó con ballenas y hogueras, con los asuntos pendientes y los sueños de sus abuelas, que son los asuntos pendientes de todas las mujeres. Y se alegró que la noche fuera oscura, para adentrarse al bosque dispuesta a encontrarse cara a cara con el lobo, con todos los misterios por resolver.Mañana la mujer joven volvería a saludarla des del espejo, pero ella, ahora sabía más. Y aprendió a vivir lo que hoy corresponde, sin esperar a mañana, sin añorar lo que fue. A descender escaleras o salir hacia afuera cuándo es el momento. Ni antes, ni después, cuando es el momento.

Fuente: http://sabatesvermelles.blogspot.com/2018/05/la-mujer-de-las-cuatro-lunas.html