El buen maestro

Pienso que la educación es más obra de amor que de ciencia. Que no sea maestro el que no sienta una verdadera vocación, y no se vea capaz de amar tratando a los niños con respecto a su personalidad; que se entregue a la obra educativa incondicionalmente, sin medida de tiempo, ni de ganancias ni de ventajas ni de honores. Ser maestro se lleva dentro. El que lo es capta cada reacción del discípulo y sabe responder adecuadamente para orientarlo en sus instintos, y hacer que actúe responsablemente de acuerdo con él mismo. Esto exige a un maestro una fina percepción, un gran respeto, y una estimación profunda para cada niño.

No hay nada más interesante y difícil que el conocimiento de la persona humana y es una felicidad inefable el éxito en la educación de un hijo de los hombres, y conseguir en él un comportamiento habitual correcto, por convencimiento, nunca por imposición. El buen maestro entrena en la obra por amor desinteresado, humildemente pero con pasión.

El que hará más por Cataluña será el mejor educador de sus hijos. Amor, respeto y desinterés podrían dar unas masas ciudadanas educadas y libres.

Angeleta Ferrer Sensat

Font: http://www.catorze.cat/noticia/8171/bon/mestre