Hace días que me dejo sentir y escucho profundamente la tierra que piso y amo. Hace días que me observo y observo las personas y los movimientos sistémicos que se dan. Hace días que la vida nos muestra como colectivo todo lo que quiere ser trascendido y mirado, todo aquello que no crea ni construye, todo lo viejo y enquistado que nos remueve profundamente. Todo lo que está pasando como país nos muestra tantas cosas si lo sabemos leer en clave de interioridad … vemos el odio, la rabia, la tristeza, la frustración, la indignación, … pero también la capacidad de caminar juntos, la ilusión, las ganas de libertad, la capacidad de perdón, la dignidad, la unión, la empatía, la compasión, … como humanidad contenemos todas estas semillas en nuestro interior y se ven manifestadas como nunca en estos días. Todo lo que vemos, sea agradable o no, forma parte de todos nosotros. Tenemos delante una oportunidad para poder sanar nuestro propio dolor, para poder perdonar, para poder trascender … y para luego poder construir un mundo donde poder vivir en libertad y paz desde un lugar pacífico, amoroso, creativo, inclusivo, posibilitador , …

Yo me siento esperanzada, pese que en muchos momentos me acompañe la tristeza o la indignación, frutos de mi propia historia. No creo en un ellos y en un nosotros, sino en la posibilidad de observar todo este dolor que nos despierta tantas emociones y tan variadas. Esperanzada por todos los que seamos capaces de transmutar en nuestro interior todo esto que sentimos, pues lo aportamos después a la totalidad con conductas cívicas, llenas de alegría y ansias por crear algo bonito para todos.

No hay un ellos y un nosotros, sino movimientos de conciencia. Yo intuyo una nueva conciencia que emerge de dentro de cada uno. Lo veo cada día cuando acompaño y facilito grupos y personas. El empoderamiento que vivimos muchos y que manifestamos desde este lugar que vibra tan alto, para mí es una ventana abierta al mundo y a la vida.

En mi interior siento agradecimiento profundo por el lugar que ocupa cada uno en este puzzle que estamos construyendo (y no descarto absolutamente a nadie, en el puzzle estamos todos) para que esta posibilidad conjunta se dé ahora y aquí.

Con todo ello, y para no perderme en medio de tanto ruido externo, yo sólo puedo hacer que recuperar mi centro, sanar mi propia rabia, mi propio dolor y mi propia tristeza, para luego salir pacíficamente y gritar bien alto que soy libre para SER, amar, perdonar, manifestar y crear una nueva realidad.

Namasté